Homenaje a Cataluña
Homenaje a Cataluña Durante los primeros meses de la guerra, el verdadero opositor de Franco no fue tanto el gobierno como los sindicatos. En cuanto se produjo el levantamiento, los trabajadores urbanos organizados replicaron con un llamamiento a la huelga general y exigieron y obtuvieron, luego de cierta lucha, armas de los arsenales oficiales. De no haber actuado de manera espontánea y más o menos independiente, es probable que nunca se hubiera podido parar a Franco. Desde luego, no puede afirmarse esto con toda certeza, pero por lo menos hay motivos para pensarlo. El gobierno no había hecho nada o prácticamente nada por impedir el levantamiento, que se esperaba desde hacía bastante tiempo, y cuando comenzaron las dificultades su actitud fue débil y vacilante; tanto es así, que España tuvo tres primeros ministros en un solo día[19]. Además, la única medida que podía salvar la situación inmediata, armar a los trabajadores, fue tomada con renuencia y en respuesta al violento clamor popular. Se distribuyeron las armas y, en las ciudades importantes del este de España, los fascistas fueron derrotados mediante un tremendo esfuerzo, principalmente de la clase trabajadora, con la colaboración de parte de las fuerzas armadas (guardias de asalto, etc.) que se mantenían leales. Se trataba del tipo de esfuerzo que quizá sólo puede realizar un pueblo que lucha con una convicción revolucionaria, esto es, que lucha por algo mejor que el status quo. Se cree que, en los diversos centros de la rebelión, tres mil personas murieron en las calles en un solo día. Hombres y mujeres armados tan sólo con cartuchos de dinamita atravesaban corriendo las plazas abiertas y se apoderaban de edificios de piedra controlados por soldados regulares provistos de ametralladoras. Los nidos de ametralladoras que los fascistas habían colocado en puntos estratégicos fueron aplastados por taxis que se precipitaron sobre ellos a cien kilómetros por hora. Aun no sabiendo nada sobre la entrega de la tierra a los campesinos, sobre la creación de consejos locales, etc., resultaría muy difícil creer que los anarquistas y socialistas, que formaban la columna vertebral de la resistencia, hacían todo eso a fin de preservar la democracia capitalista, la cual, especialmente desde el punto de vista anarquista, no era más que una maquinaria centralizada de estafa.