Homenaje a Cataluña
Homenaje a Cataluña La centuria*, ochenta hombres y varios perros, avanzó desordenadamente por la carretera. Cada compañía de la milicia contaba por lo menos con un perro en calidad de mascota. El desgraciado animal que marchaba con nosotros tenía marcadas a fuego las iniciales POUM en letras enormes, y trotaba a nuestra vera como si tuviera conciencia de que su aspecto no era del todo normal. A la cabeza de la columna, junto a la bandera roja, el robusto comandante belga, Georges Kopp, montaba un caballo negro; un poco más adelante, un jovenzuelo de la milicia montada hacía caracolear su caballo, subiendo al galope todas las cuestas y adoptando actitudes pintorescas en las partes más altas. Los espléndidos corceles de la caballería española, capturados en grandes cantidades al comienzo de la revolución, fueron entregados a los milicianos, pero éstos parecían empeñados en conducirlos a una rápida muerte por agotamiento.