Homenaje a Cataluña
Homenaje a Cataluña Por las razones dadas considero errónea la política comunista antirrevolucionaria. Por lo que se refiere a las consecuencias de esa política sobre el curso de la guerra, espero y deseo equivocarme. Quisiera que esta guerra se ganara por cualquier medio. Y, desde luego, aún no podemos saber lo que ocurrirá. El gobierno puede volver a inclinarse hacia la izquierda, los moros pueden rebelarse por su propia cuenta, Inglaterra puede decidirse a sobornar a Italia, la guerra puede ganarse mediante recursos simplemente militares: no hay manera de saberlo. Dejo expresadas mis opiniones, y el resultado final mostrará en qué medida son acertadas o erróneas.
Pero en febrero de 1937 no veía las cosas bajo este prisma. Estaba harto de la inactividad en el frente de Aragón y, sobre todo, tenía plena conciencia de que no había aportado mi parte en la lucha. Solía recordar los carteles de reclutamiento de Barcelona que interrogaban acusadoramente a los transeúntes: «¿Y tú qué has hecho por la democracia?», y sentía que sólo podía responder: «He recibido mis raciones». Cuando ingresé en la milicia, me prometí matar a un fascista —a fin de cuentas, si cada uno de nosotros hacía lo mismo, no tardarían en desaparecer—, y aún no había matado a nadie, ni había tenido casi oportunidad de hacerlo.