Homenaje a Cataluña
Homenaje a Cataluña La toma de la Central Telefónica fue simplemente la cerilla que encendió la mecha de una bomba ya preparada. Quizá los responsables creyeron que no habría de originar mayores dificultades. Según se afirmaba, Companys, el presidente catalán, declaró riendo unos pocos días antes que los anarquistas se avendrían a cualquier cosa[28]. Sin duda alguna fue una acción poco inteligente. Hacía meses que se venían produciendo muchos choques armados entre comunistas y anarquistas en diversas zonas de España. La tensión en Cataluña (especialmente en Barcelona) ya había dado lugar a asesinatos y refriegas callejeras. De pronto circuló la noticia de que hombres armados atacaban los edificios tomados por los obreros en la lucha de julio y a los que atribuían una gran importancia sentimental. Debemos recordar que la población obrera no experimentaba ninguna simpatía por la Guardia Civil. Durante muchas generaciones, la guardia* había sido simplemente un apéndice del terrateniente y el amo, y los guardias civiles eran objeto de un odio especial porque se sospechaba, con razón, que simpatizaban con los fascistas[29]. Probablemente el impulso que sacó a los obreros a la calle durante las primeras horas fuera el mismo que los había llevado a resistir a los militares insurrectos al comienzo de la guerra. Desde luego, puede argumentarse que los obreros de la CNT deberían haber entregado la Central Telefónica sin protestas. En este caso, la opinión dependerá de la posición que se adopte frente a alternativas tales como gobierno centralizado o control por parte de la clase obrera. Más pertinente sería decir: «Sí, probablemente la CNT tenía razón. Pero, a fin de cuentas, estaban en guerra y no tenían por qué sostener una lucha en la retaguardia». Estoy completamente de acuerdo con esto. Cualquier desorden interno significaba una ayuda para Franco. Pero ¿qué fue en realidad lo que precipitó la lucha? El gobierno pudo o no tener derecho a ocupar la Telefónica; pero indudablemente, dadas las circunstancias, tal medida había de conducir a un enfrentamiento. Era una acción provocadora, un gesto que venía a decir y tal vez lo pretendía de verdad: «Vuestro poder se ha acabado, a partir de ahora nos hacemos nosotros cargo de él». Sensatamente no cabía esperar sino resistencia. Guardando el sentido de la proporción, debe comprenderse que la culpa no podía recaer por lo tanto sólo en uno de los bandos. Si se difundió una versión unilateral fue simplemente porque los revolucionarios españoles no tenían ningún apoyo en la prensa extranjera. Particularmente en los periódicos ingleses era necesario buscar mucho antes de encontrar, en cualquier período de la guerra, alguna referencia favorable a los anarquistas. Fueron sistemáticamente denigrados y, como sé por propia experiencia, es casi imposible conseguir que alguien imprima algo en su defensa.