Homenaje a Cataluña
Homenaje a Cataluña De acuerdo con mis ideas sobre la guerra de trincheras, los fascistas debían de estar a unos cincuenta o cien metros. No podía ver nada; aparentemente, sus trincheras estaban muy bien escondidas. Con gran pesar seguí la dirección que señalaba Benjamín: en la cima de la colina opuesta, al otro lado del barranco, por lo menos a unos setecientos metros, se veía el diminuto borde de un parapeto y una bandera roja y amarilla. ¡La posición fascista! Me sentí indescriptiblemente desilusionado: estábamos muy lejos de ellos y, a esa distancia, nuestros fusiles resultaban totalmente inútiles. Pero, en ese momento, se produjo una gran conmoción: dos fascistas, figuritas grises en la distancia, ascendían torpemente la desnuda ladera opuesta. Benjamín se apoderó del fusil que tenía más cerca, apuntó y apretó el gatillo. ¡Click! Un cartucho defectuoso; me pareció un mal presagio.