Homenaje a Cataluña
Homenaje a Cataluña Los nuevos centinelas no habían acabado de ocupar su puesto cuando comenzaron a lanzar una terrible descarga contra nada en particular. Podía ver a los fascistas, diminutos como hormigas, moverse protegidos tras su parapeto, y a veces la manchita negra de una cabeza que se detenía por un instante, exponiéndose imprudentemente. Era evidente que no tenía sentido disparar. No obstante, en ese momento el centinela de mi izquierda, en actitud típicamente española, abandonó su puesto, se deslizó hasta mi sitio y comenzó a incitarme para que lo hiciera. Traté de explicarle que a esa distancia y con esos fusiles era imposible acertarle a nadie salvo por casualidad. Pero era un niño y siguió señalándome con el arma hacia una de las manchitas y sonriendo tan ansiosamente como un perro que espera que arrojen la piedra que ha de ir a buscar. Finalmente, coloqué la mira a setecientos y tiré. La manchita desapareció. Confío en que pasara lo bastante cerca como para hacerle dar un respingo. Era la primera vez en mi vida que disparaba un arma contra un ser humano.