Homenaje a Cataluña
Homenaje a Cataluña En esa época y hasta mucho más tarde, el sistema en que se basaban las milicias catalanas seguÃa siendo el mismo que al comienzo de la guerra. En los primeros dÃas del levantamiento de Franco, las milicias habÃan sido apresuradamente organizadas por los diversos sindicatos y partidos polÃticos; cada una constituÃa en esencia una organización polÃtica, fiel a su partido tanto como al gobierno central. En 1937, cuando se formó el Ejército Popular que era un cuerpo «no polÃtico», organizado según criterios más o menos corrientes, las milicias partidistas quedaron teóricamente incorporadas a él. Pero durante mucho tiempo los únicos cambios introducidos fueron teóricos: las tropas del nuevo Ejército Popular llegaron al frente de Aragón en junio, y hasta ese momento el sistema de milicias permaneció invariable. El rasgo esencial del sistema era la igualdad social entre oficiales y soldados. Todos, desde el general hasta el recluta, recibÃan la misma paga, comÃan los mismos alimentos, llevaban las mismas ropas y se trataban en términos de completa igualdad. Si a uno se le ocurrÃa palmear al general que comandaba la división y pedirle un cigarrillo, podÃa hacerlo y a nadie le resultaba extraño. Por lo menos en teorÃa, cada milicia era una democracia y no una organización jerárquica. Se daba por sentado que las órdenes debÃan obedecerse, pero también que una orden se daba de camarada a camarada y no de superior a inferior. HabÃa oficiales con y sin mando, pero no un escalafón militar en el sentido usual; no habÃa ni distintivos ni galones, ni taconazos ni saludos reglamentarios. Dentro de las milicias se intentó crear una especie de modelo provisional de la sociedad sin clases. Desde luego, no existÃa una perfecta igualdad, pero era lo más aproximado a ella que yo habÃa conocido o que me hubiera parecido concebible en tiempo de guerra.