Homenaje a Cataluña
Homenaje a Cataluña Me habían ascendido a cabo* en cuanto llegamos al frente, y tenía a mi cargo una guardia de doce hombres. No era una ventaja, especialmente al principio. La centuria era una turba no adiestrada compuesta en su mayoría por adolescentes. De tanto en tanto, uno se encontraba con criaturas de hasta once o doce años, por lo común refugiados del territorio fascista que se habían alistado en la milicia como la manera más fácil de asegurarse el sustento. Por lo general, eran empleados en la retaguardia para tareas livianas, pero a veces se las ingeniaban para escurrirse hasta el frente, donde constituían una amenaza pública. Recuerdo que una de estas bestezuelas arrojó «en broma» una granada en el fuego encendido de un refugio. En Monte Pocero creo que nadie tenía menos de quince años, pero la edad promedio debe de haber estado muy por debajo de veinte. Los muchachos de esta edad nunca deberían ser enviados al frente, porque no pueden soportar la falta de sueño que es inseparable de la guerra de trincheras. Al comienzo resultaba casi imposible mantener vigilada nuestra posición de la forma adecuada por la noche. Para despertar a los desgraciados chicos de mi sección había que sacarlos de sus refugios con los pies por delante, y en cuanto uno volvía la espalda abandonaban sus puestos y se buscaban un lugar resguardado, o bien, a pesar del riguroso frío, se apoyaban contra la pared de la trinchera y se quedaban completamente dormidos. Por suerte, el enemigo nunca se mostró muy emprendedor. Había noches en que me parecía que nuestra posición podía ser arrasada por veinte boy scouts armados con rifles de aire comprimido o veinte girl scouts armadas con raquetas.