Homenaje a Cataluña
Homenaje a Cataluña En otros aspectos nuestra situación no era tan mala. La comida era bastante satisfactoria y abundaba el vino. Los cigarrillos seguían distribuyéndose a razón de un paquete diario, los fósforos se entregaban día por medio y las velas se repartían con regularidad. Éstas eran muy delgadas, como las que suelen verse en un pastel de Navidad, y se suponía que procedían de las iglesias. Cada puesto de la trinchera recibía diariamente tres pulgadas de vela, cantidad que duraba unos veinte minutos. En esa época todavía se podía comprar velas, y yo había traído conmigo una buena cantidad. Más tarde, la falta de fósforos y velas convirtió nuestra vida en una tortura. Uno no comprende la importancia de estas cosas hasta que carece de ellas. En una alarma nocturna, por ejemplo, cuando todo el mundo busca a tientas un fusil pisando a los vecinos, la posibilidad de encender una luz puede significar la diferencia entre la vida y la muerte. Cada miliciano contaba con una yesca y varios metros de mecha amarilla, elementos que, después del fusil, constituían su posesión más importante. Estas yescas tienen la enorme ventaja de que pueden encenderse aunque sople viento, pero arden sin llama, por lo cual no sirven para hacer fuego. Cuando la carencia de fósforos alcanzó su punto culminante, la única forma de conseguir una llama consistía en sacar la bala del cartucho y encender la cordita con una yesca.