Homenaje a Cataluña
Homenaje a Cataluña Mientras tanto, la rutina diaria —o mejor dicho, nocturna—, las tareas cotidianas. Hacer guardia, patrulla, cavar. Lluvia, barro, vientos ululantes y ocasionalmente nevadas. No fue hasta mediados de abril que las noches se tornaron algo más cálidas. Allà arriba, en la meseta, los dÃas de marzo se parecÃan en su mayorÃa a los de Inglaterra, con sus brillantes cielos azules y vientos continuos. En el lugar donde la lÃnea del frente atravesaba huertos y jardines desiertos, la cebada de invierno ya tenÃa unos treinta centÃmetros de altura, capullos blancos se formaban en los cerezos y, buscando en las zanjas, se podÃan encontrar violetas y una especie de jacinto silvestre semejante a un ejemplar borde de campanilla azul, inmediatamente detrás de la lÃnea corrÃa un hermoso y burbujeante arroyito verde: era la primera agua transparente que habÃa visto desde mi llegada. Cierto dÃa apreté los dientes y me metà en ella para darme el primer baño en seis semanas. Fue lo que podrÃa llamarse un baño breve, puesto que el agua era principalmente agua de deshielo y la temperatura no debÃa de andar muy por encima de los cero grados.