Homenaje a Cataluña
Homenaje a Cataluña Todo escaseaba: botas, ropa, tabaco, jabón, velas, fósforos, aceite de oliva. Nuestros uniformes se caían a pedazos, y muchos de los hombres carecían de botas y usaban sandalias con suela de esparto. Por todas partes se veían pilas de calzado desgastado. Una vez mantuvimos ardiendo un fuego durante dos días a base de botas, que no constituían un mal combustible. Por esa época mi esposa se encontraba en Barcelona y solía mandarme té, chocolate y hasta cigarros, cuando era posible conseguirlos; incluso en Barcelona todo escaseaba, en especial el tabaco. El té era un regalo del cielo, aunque carecíamos de leche y casi nunca teníamos azúcar. Desde Inglaterra siempre enviaban paquetes a los hombres de nuestro contingente, pero nunca llegaban; alimentos, ropa, cigarrillos, todo era rechazado por la oficina de correos o confiscado en Francia. Resulta bastante curioso que la única entidad que logró mandar paquetes de té —y, en una memorable ocasión, una lata de bizcochos— a mi esposa fue la Army and Navy Stores[8]. ¡Pobre Army and Navy! Cumplían su deber con notable eficacia, pero quizá se habrían sentido más felices si el contenido hubiera ido a parar al bando franquista de la barricada. Lo peor era la escasez de tabaco. Al comienzo se nos entregaba un paquete de cigarrillos por día, luego sólo ocho cigarrillos diarios y después cinco. Por fin, hubo diez días espantosos en que no se distribuyó nada de tabaco. Por primera vez en España, vi algo que se ve todos los días en Londres: gente recogiendo colillas.