Homenaje a Cataluña
Homenaje a Cataluña En nuestro sector no era mucho lo que ocurría. Doscientos metros a nuestra derecha, donde los fascistas se encontraban en terreno más alto, sus tiradores apostados mataron a unos cuantos de nuestros camaradas. Doscientos metros a la izquierda, en el puente sobre el río, tenía lugar una especie de duelo entre los morteros fascistas y los hombres que construían una barricada de cemento que atravesaba el puente. Los pequeños proyectiles funestos pasaban por encima —fsss-crash-fsss-crash— produciendo un ruido doblemente infernal cuando se estrellaban contra el camino asfaltado. A unos cien metros, se podía estar perfectamente a salvo y observar las columnas de polvo y humo negro que se elevaban como árboles mágicos. Los pobres diablos en los alrededores del puente pasaban gran parte del día ocultos en los pequeños refugios cavados cerca de la trinchera. Pero hubo menos bajas de lo que podría haberse esperado, y la barricada, una pared de cemento de medio metro de espesor, con troneras para dos ametralladoras y un pequeño cañón de campaña, fue construyéndose sin interrupciones. El cemento era reforzado con viejos armazones de cama, aparentemente el único hierro que había podido encontrarse para ese fin.