Homenaje a Cataluña
Homenaje a Cataluña Yo marchaba delante con Jorge y Benjamín. Doblados en dos, pero con los rostros levantados, nos arrastramos en la oscuridad casi total a un ritmo que se hacía más lento a cada paso. La lluvia golpeaba ligeramente nuestros rostros. Cuando miré hacia atrás, pude ver a los hombres que estaban más cerca de mí: un racimo de formas jorobadas como enormes hongos negros deslizándose lentamente. Cada vez que levantaba la cabeza, Benjamín, a mi lado, me susurraba furioso al oído: «¡Mantén la cabeza baja! ¡Mantén la cabeza baja!». Podría haberle dicho que no necesitaba preocuparse. Sabía por experiencia que, en una noche oscura, no se puede ver a un hombre a veinte pasos. Era mucho más importante avanzar en silencio; si nos oían una sola vez estábamos perdidos. Les bastaba barrer la oscuridad con la ametralladora y sólo nos quedaría huir o dejarnos masacrar.