La hija del clerigo
La hija del clerigo El silencio de su padre solo podía querer decir una cosa. Creía la historia de la señora Semprill…, creía que Dorothy se había fugado en circunstancias deshonrosas y que ahora estaba mintiendo para disculparse. Lo único que deseaba era librarse de ella, interrumpir cualquier comunicación, perderla de vista para siempre y olvidar el escándalo.
Después de aquello no podía volver a casa. No se atrevía. La actitud de su padre le había abierto los ojos y le había hecho comprender lo precipitado de su decisión. ¡Pues claro que no podía volver! ¡Regresar deshonrada y cubrir de vergüenza la casa de su padre! ¡Era imposible, totalmente imposible! ¿Cómo se le habría podido ocurrir?
¿Entonces qué? Lo único que podía hacer era marcharse cuanto antes y buscar algún sitio lo bastante grande para poder ocultarse. Londres, tal vez. Algún sitio donde nadie la conociera y donde la mera visión de su rostro o la mera mención de su nombre no sacara a la luz una sarta de recuerdos desagradables.