La hija del clerigo
La hija del clerigo Le alegró que empezara el segundo trimestre, pues incluso tener que pasar el día esclavizando a las niñas era mejor que la hueca soledad de las vacaciones. Además, las niñas se portaron mucho mejor y no tuvo que volver a darles ningún coscorrón. Había comprendido que es fácil manejar a los niños si se es duro con ellos desde el principio. El trimestre anterior, las niñas se habían portado mal porque había empezado tratándolas como personas y luego, cuando se interrumpieron las clases que les interesaban, se habían rebelado como tales personas. Pero cuando uno tiene que enseñarles tonterías no hay que tratarlos como personas, sino como animales y obligarles en lugar de convencerles. Antes de nada es preciso enseñarles que es peor rebelarse que obedecer. Es posible que ese modo de tratarlos no sea muy bueno para los niños, pero no hay duda de que lo entienden y responden como es debido.