La hija del clerigo
La hija del clerigo Pasaron semanas de regateos furtivos antes que cerraran el trato, cuando la señorita Allcock aceptó bajar del quince al doce y medio por ciento. La señora Creevy decidió, en su fuero interno, despedir a la vieja Allcock en cuanto estuviera segura de que los niños que había llevado se quedarían, y esta a su vez pensó en empezar a robarle alumnos a la señora Creevy en cuanto se hubiese instalado en la escuela.
Una vez se decidió a despedir a Dorothy, lo más importante era impedir que se enterase. Pues, por supuesto, si llegaba a saberlo empezaría a robarle alumnas por su cuenta o no daría ni golpe el resto del trimestre. (La señora Creevy se jactaba de conocer la naturaleza humana.) De ahí lo de la mermelada, las crujientes sonrisas y los otros trucos pensados para aquietar las sospechas de Dorothy. Cualquiera que supiese cómo funcionaban las cosas habría empezado a buscar otro empleo en cuanto le ofreció el plato de mermelada.