La hija del clerigo
La hija del clerigo —Pero se lo contarÃa a todo el mundo… y además exagerarÃa. Ya sabes cómo es. Siempre que visita una parroquia trata de averiguar algo deshonroso sobre el clérigo y luego corre a contárselo al obispo. No quiero parecer poco comprensiva pero…
Dorothy guardó silencio al reparar en que sà querÃa parecer poco comprensiva.
—Es una mujer detestable —dijo el rector sin inmutarse—. ¿Y qué? ¿Cuándo se ha visto a una mujer de un diácono rural que no lo sea?
—¡Pero, papá, creo que no consigo hacerte entender lo grave que es este asunto! No nos queda nada para el mes que viene. Ni siquiera sé de dónde voy a sacar la carne para el puchero de hoy.
—¡Para la comida, Dorothy, para la comida! —dijo el rector con una leve irritación—. Te agradecerÃa mucho que abandonases esa odiosa costumbre de las clases inferiores de llamar puchero a la comida.
—Pues para la comida. ¿De dónde vamos a sacar la carne? No me atrevo a pedirle a Cargill otra pierna de…