Los dias de Birmania
Los dias de Birmania —Dile al jefe —dijo U Po Kyin— que deben ser 20 rupias y que tendrán problemas si el dinero no está aquà mañana. Veré al resto enseguida. Pide a Ko Ba Sein que venga aquà a verme.
Ba Sein apareció rápidamente. Era un hombre estirado y estrecho de hombros, muy alto para ser birmano y con un rostro de expresión curiosamente suave que recordaba a un pudin de color café. U Po Kyin habÃa encontrado en él una herramienta muy útil. Poco imaginativo pero muy trabajador, era un excelente funcionario al que el vicecomisionado Mr. Macgregor confiaba casi todos sus secretos oficiales. U Po Kyin, de buen humor por sus pensamientos, saludó a Ba Sein con una sonrisa y con una señal de su mano le ofreció la caja de betel.
—Bueno Ko Ba Sein, ¿cómo progresa nuestro asunto? Espero que, como nuestro querido Mr. Macgregor dirÃa —U Po Kyin pasó a hablar en un enfático inglés— ¿son ya perceptibles los progresos?
Ba Sein no se rio con la broma. Recostado rÃgidamente en la silla libre, contestó:
—Excelentemente, señor. Nuestra copia del periódico llegó esta mañana. Observe detenidamente.