Los dias de Birmania
Los dias de Birmania —¡Ba Taik!, ¡oye, Ba Taik!
Ba Taik, el criado de U Po Kyin, apareció a través de la cortina de cuentas de la terraza. Era pequeño, con la cara marcada por la viruela y una expresión tÃmida y bastante ansiosa. U Po Kyin no le pagaba ningún salario, pues se trataba de un ladrón convicto, al que una palabra de más podrÃa enviar de nuevo a prisión. Ba Taik avanzó tan lentamente hacia él que daba la impresión de estar retrocediendo.
—¿Mi adorado señor? —dijo.
—¿Hay alguien esperando para verme, Ba Taik?
Ba Taik contó con sus dedos a los visitantes.
—Está el jefe de la aldea Thitpingyi, mi señorÃa, que ha traÃdo ofrendas, y dos aldeanos que también traen ofrendas y un caso de asalto para ser resuelto por su señorÃa. Ko Ba Sein, el jefe administrativo de la oficina del vicecomisionado, desea verle, y está Ali Shah, oficial de policÃa y un dacoit cuyo nombre desconozco. Creo que han discutido por unos brazaletes de oro que han robado. Y hay una muchacha joven de la aldea con un bebé.
—¿Qué quiere? —dijo U Po Kyin.
—Dice que el bebé es vuestro, adorado señor.
—Ya. Y ¿cuánto ha traÃdo el jefe de la aldea?
Ba Taik pensaba que eran sólo 10 rupias y una cesta de mangos.