Los dias de Birmania
Los dias de Birmania Desde entonces ni siquiera había solicitado permiso para regresar a Inglaterra. Su padre murió, luego lo hizo su madre, y sus hermanas, unas mujeres desagradables con cara de caballo que nunca le habían gustado, se casaron y prácticamente había perdido todo contacto con ellas. No tenía ningún lazo con Europa, salvo el que los libros proporcionaban. Puesto que se había dado cuenta de que volver a Inglaterra no iba a remediar su soledad, decidió comprender la especial naturaleza del infierno reservado a los anglo-indios. ¡Ah, esos pobres desechos parlantes que quedan en Bath y Cheltenham! ¡Esas pensiones que son como tumbas repletas de anglo-indios en cada uno de los distintos estados de descomposición, hablando todos ellos sin cesar de lo que sucedió en Boggleywalah en el 88! Pobres diablos, saben muy bien lo que significa dejarse el corazón en un país que no es el suyo y además odian. Flory vio claramente que sólo había una salida posible: encontrar a alguien con quien compartir su vida en Birmania. Pero hacerlo de verdad, compartir su vida interior, su intimidad, alguien que tuviera las mismas impresiones de Birmania que él. Alguien que amase y odiase este país como él lo amaba y lo odiaba, que le ayudara a vivir sin ocultar ni dejar de expresar nada. Alguien que le comprendiese: un amigo, eso es lo que le hacía falta.