Los dias de Birmania
Los dias de Birmania Bueno, Dios nos libre de la autocompasión. Flory volvió a la veranda, cogió el rifle y, vacilando un poco, disparó al perro vagabundo. Un estruendo retumbó y la bala se enterró en el suelo del maidan, muy lejos del blanco. Un cardenal del color de las moras recorrió el hombro de Flory. El perro soltó un aullido de terror, se levantó y, después de volver a sentarse cincuenta yardas más lejos, comenzó una vez más a aullar rítmicamente.