Los dias de Birmania
Los dias de Birmania —Le escribió hace dos días, pero cuando abrimos la carta al vapor no descubrimos nada realmente importante.
—Bien, le daremos algo sobre lo que escribir. Y tan pronto como sospeche del doctor será el momento para el otro asunto del que te hablé. De esa forma, ¿cómo dice Macgregor?, ah si, «mataremos dos pájaros de un tiro». ¡Una bandada entera de pájaros, ja, ja!
La risa de U Po Kyin era un desagradable sonido gutural que parecía surgir del fondo de su estómago, como la carraspera anterior a un ataque de tos. A pesar de todo, era divertida, incluso infantil. No dijo nada más sobre el otro “asunto”, demasiado privado como para ser tratado en la terraza. Ba Sein, observando que su entrevista terminaba, se levantó inclinándose de forma reverencial.
—¿Desea algo más su señoría? —dijo.
—Asegúrate de que Mr. Macgregor tiene su copia del Burmese Patriot. Será mejor que digas a Hla Pe que finja un ataque de disentería para poder mantenerse alejado de la oficina. Quiero que sea él quien escriba los anónimos. Es todo por el momento.
—¿Puedo entonces retirarme, señor?
—Que Dios te acompañe —dijo U Po Kyin distraídamente, mientras llamaba de nuevo a gritos a Ba Taik.