Los dias de Birmania
Los dias de Birmania No era la actuación de la bailarina del pwe lo que la habÃa molestado, sino las cosas que le habÃa traÃdo a la cabeza. La experiencia por sà misma, la propia idea de querer codearse con todos aquellos asquerosos nativos, no le habÃa gustado lo más mÃnimo. Estaba completamente segura de que no era asà como debÃan comportarse los hombres blancos. Y aquel extraño discurso inconexo que le habÃa soltado, con palabras tan largas… ¡Casi como si estuviera recitando poesÃa!, pensó ella con desprecio. Hablaba del mismo modo que esos horribles artistas con los que a veces se encontraba en ParÃs. Ella le habÃa creÃdo un hombre de verdad hasta esta noche. Recordó después el incidente de la mañana, cómo se habÃa enfrentado a aquel búfalo sin más arma que sus puños, y parte del enfado se evaporó. Para cuando llegaron a la verja del Club Elizabeth se sentÃa dispuesta a perdonarle. Flory habÃa logrado reunir algo de valor para hablar de nuevo. Se detuvo y ella también lo hizo. Estaban en un lugar en el que los arbustos filtraban un poco de la luz de las estrellas y podÃa entrever la cara de ella.
—QuerÃa decirle que espero que no esté muy enfadada por lo que ha sucedido.
—No, claro que no lo estoy. Ya le dije que no lo estaba.