Los dias de Birmania
Los dias de Birmania —No tenéis ningún derecho a hablar de la gente asÃ, maldita sea. Después de todo, no es más que una niña…
—A ver, tontito —dijo cogiéndole por las solapas de la chaqueta Ellis, que ahora que habÃa encontrado un nuevo tema del que chismorrear, le trataba más cariñosamente—; tontito mÃo, no te vayas ahora a creer esa música celestial. Crees que esa chica es cosa fácil, pero no lo es. Las que vienen de la Madre Patria son todas iguales. «Mucho prometer hasta llegar al altar, pero después poco y mal», ése es su lema, el de todas ellas sin excepción. ¿Para qué crees que ha venido hasta aquÃ?
—¿Por qué? No sé. Pues digo yo que porque querrÃa.
—¡Qué ingenuo eres! Ha venido para clavar las garras a un marido, por descontado. ¡Como si no lo supiera todo el mundo! Cuando una mujer ha fracasado en el resto de lugares, lo intenta como último recurso en la India, donde todos los blancos suspiran por ver a una mujer de su raza. El mercado indio del matrimonio, lo llaman. Mercado de carne serÃa más apropiado. Barcos enteros de mujeres asà llegan cada año como si fueran reses, esperando abalanzarse sobre solteros desesperados como tú. Las conservan entre hielos, asà las traen aún jugosas.
—Eso que estás diciendo es repulsivo.