Los dias de Birmania
Los dias de Birmania —¿Se va a casar? —preguntó Ba Pe.
—Estoy seguro. Cuando un blanco comienza a ir a la pagoda inglesa se puede decir que es el principio del fin.
—He tenido muchos señores durante mi vida —dijo el viejo Sammy—. El peor fue el sahib Coronel Wimpole, que solÃa ordenar a su asistente que me sujetara inclinado sobre la mesa mientras él venÃa corriendo por detrás para darme una patada con sus botazas por servir plátanos fritos demasiado a menudo. Otras veces, cuando estaba borracho, disparaba su revolver contra el techo de las habitaciones de los criados, justo por encima de nuestras cabezas. Aunque, a pesar de todo, vivirÃa antes diez años con el sahib Coronel Wimpole que una semana a las órdenes de una memsahib con todas sus manÃas. Si nuestro señor se casa, yo me iré ese mismo dÃa.
—Yo no me marcharé; llevo siendo su criado desde hace quince años. Aunque sé lo que nos espera cuando llegue aquà esa mujer. Nos gritará en cuanto vea una mota de polvo sobre los muebles, nos despertará cuando estemos durmiendo la siesta por la tarde para que le llevemos tazas de té, y andará por la cocina a todas horas quejándose de que las sartenes están sucias y de que hay cucarachas en el cubo de la harina. Yo creo que estas mujeres se pasan despiertas toda la noche ideando nuevas maneras de martirizar a sus criados.