Los dias de Birmania

Los dias de Birmania

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Entonces la conversación se interrumpió repentinamente. Elizabeth estaba sentada muy tiesa, sosteniendo su diminuta taza de té, que no se atrevía a seguir bebiendo, y mostraba una sonrisa que más parecía una mueca. Los orientales sintieron un escalofrío; se dieron cuenta de que la joven inglesa, que no podía intervenir en su conversación, no se encontraba a gusto. Su elegancia y belleza extranjera que les habían encantado un momento antes, comenzaban a acobardarles un poco. Incluso Flory sentía lo mismo. Era una de esas terribles situaciones que se dan con los orientales, cuando todos evitan la mirada de los demás, esforzándose inútilmente por encontrar algo que decir. Entonces el niño desnudo, que había estado examinando algunos cestos en la trastienda, gateó hasta donde estaban sentados los europeos. Observó sus zapatos, calcetines y medias con gran curiosidad y luego, tras mirar hacia arriba y ver los rostros blancos, se asustó. Comenzó a gritar desconsolado y se hizo pis en el suelo.

La anciana china alzó la vista, dio un chasquido con la lengua y continuó liando cigarrillos. Nadie más prestó la menor atención. Empezó a formarse un charquito en el suelo. A Elizabeth le horrorizó tanto aquello que dejó precipitadamente su taza y derramó el té. Tiró del brazo de Flory y dijo:

—¡Ese niño! Mire lo que está haciendo. ¿Nadie va a…? ¡Qué espanto!


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker