Los dias de Birmania
Los dias de Birmania Por un momento, todos miraron asombrados y comprendieron qué era lo que sucedÃa. En el ambiente se respiró nerviosismo y se oyó un chasquido generalizado de reprobación. Nadie habÃa atendido al niño (era un incidente demasiado normal como para concederle importancia) y ahora se sentÃan tremendamente abochornados. Todos empezaron a echarle la culpa al niño. Se oyeron exclamaciones como «¡qué vergüenza de crÃo!» o «¡qué asco de niño!». La vieja china se llevó al pequeño, que seguÃa berreando, hacia la puerta y lo sostuvo afuera, igual que si estuviera exprimiendo una esponja de baño. Para ese mismo instante, Flory y Elizabeth ya habÃan salido de la tienda. Flory iba detrás de ella por el camino del bazar, mientras Li Yeik y el resto les seguÃan consternados con la mirada.
—¡Si eso es lo que usted llama gente civilizada…! —exclamaba ella.
—Lo siento —dijo Flory débilmente—. No esperaba…
—¡Son repugnantes!