Los dias de Birmania
Los dias de Birmania Estaba irritadÃsima. Al sofocarse su cara habÃa tomado un delicado y maravilloso tono sonrojado, como el de un capullo de amapola que se habÃa abierto un dÃa antes. Ése era el color más fuerte que su rostro era capaz de mostrar. La siguió, dejando atrás el bazar y regresando al camino principal, y no se atrevió a hablar de nuevo hasta que habÃan andado unos cincuenta metros.
—¡Cuánto siento que haya sucedido esto! Li Yeik es un tipo amable y decente. Se llevarÃa un gran disgusto si creyera que la ha ofendido. La verdad es que habrÃa sido mejor quedarse unos minutos más. Aunque fuese sólo para darles las gracias por el té.
—¿Las gracias? ¿Después de eso?
—Sinceramente, no deberÃa usted darle tanta importancia. Por lo menos, no en este paÃs. La manera de ver las cosas de esta gente es completamente diferente de la nuestra. Tenemos que adaptarnos. Suponga, por poner un ejemplo, que retrocedemos a la Edad Media.
—Prefiero no hablar más sobre este tema.