Los dias de Birmania
Los dias de Birmania —¡Ah, miserables idiotas! ¿Sabe a cuánto asciende el impuesto que la mayorÃa de ellos se ha negado a pagar? ¡A cinco rupias! Se cansarán dentro de poco tiempo y no tendrán más remedio que pagar lo que deben. Todos los años sucede lo mismo. Pero en cuanto a la rebelión, la presunta rebelión, ha de saber, Mr. Flory, que tiene más miga de lo que parece.
—¿Cómo?
Para gran sorpresa de Flory, el doctor hizo un gesto de ira tan violento que derramó casi toda la cerveza. Dejó el vaso sobre la barandilla y estalló:
—¡Es ese U Po Kyin otra vez! ¡Ese canalla incalificable! ¡Ese cocodrilo que carece de cualquier humanidad! ¡Ese…, ese…!
—Siga, siga: «Ese baúl obsceno cargado de porquerÃa, ese paquete hinchado con sobornos, esa madriguera que se alimenta de repugnancias…» ¿Qué es lo que ha hecho ahora?
—Una villanÃa sin precedentes.