Los dias de Birmania
Los dias de Birmania —En fin, nunca sirve de demasiado decir cuánto lo siente uno. Aunque lo que vine a decirle es que ya no sucederá nunca más. En realidad…
—Ya está, Mr. Flory; quedaré muy agradecido si no habla más del tema. Está concluido y olvidado. Y haga el favor de beberse su cerveza antes de que esté tan caliente que parezca té. Además, tengo algo que contarle. No me ha preguntado aún si tengo alguna noticia que transmitirle.
—Ah, eso… ¿Qué tiene que contarme pues? ¿Cómo le va todo? ¿Qué tal está mamá Bretaña? ¿Sigue moribunda?
—¡Muy débil, muy débil! Aunque no tanto como yo. Estoy metido en apuros, amigo mÃo.
—¿Cómo? ¿U Po Kyin de nuevo? ¿Sigue calumniándole?
—Si sólo fuera eso. Ahora está tramando algo diabólico. Amigo mÃo, ¿ha oÃdo usted hablar de esa rebelión que está a punto de estallar en el distrito?
—He oÃdo muchas cosas al respecto. Westfield salió dispuesto a hacer una matanza, pero creo que no consiguió encontrar ni un rebelde. Solamente lo de siempre, los Hampdens de la aldea que no quieren pagar los impuestos.