Los dias de Birmania
Los dias de Birmania —Venga, arriba —dijo—. Me duele verte asÃ. Haré lo que pueda por ti. Llorar no sirve de nada.
Al momento la joven exclamó con esperanzas renovadas:
—Entonces, ¿me admitirás de nuevo? Señor, acepta a Ma Hla May en tu casa. Nadie lo sabrá. Me quedaré aquà cuando la mujer blanca venga, y se pensará que soy la mujer de uno de los criados. ¿Me dejarás volver?
—No puedo. Es imposible —dijo volviéndole de nuevo la espalda.