Los dias de Birmania
Los dias de Birmania Elizabeth apretó los omoplatos contra el respaldo de la silla. Era un gesto que solía hacer cuando algo la complacía en extremo. Le encantaba Flory, de veras le encantaba cuando se ponía a hablar de esa manera. El comentario más trivial sobre caza le hacía estremecerse. ¡Si hablara tan sólo de eso en vez de sobre libros, Arte y esa odiosa poesía! En un súbito impulso de admiración, decidió que Flory era un hombre guapo a su manera. Tenía un aspecto tan viril con su camisa pagri con el cuello abierto, sus pantalones cortos, sus medias y sus botas de caza… Y también estaba su cara, bronceada por el sol y curtida como la de un soldado. Su mejilla marcada quedaba al otro lado, donde ella no la podía ver. Le empujó a que siguiera hablando.
—Cuénteme más sobre cómo se cazan tigres. ¡Es apasionante!