Los dias de Birmania
Los dias de Birmania —Esos juegos —prosiguiĂł Ko S’la— están muy bien para el joven oficial de policĂa, pero usted ya no tiene edad para esas cosas, thakin. Una caĂda a su edad puede hacerle mucho daño. DeberĂa usted cuidarse más.
—¿Me tomas por un viejo? —dijo Flory enfurecido. Le dolĂa el hombro espantosamente.
—Tiene treinta y cinco años, thakin —afirmó Ko S’la cortés aunque firme al mismo tiempo.
Todo esto resultaba humillante. Ma Pu y Ma Yi, que curiosamente no estaban peleándose en esos momentos, habĂan traĂdo una cazuela con un horrible ungĂĽento que, segĂşn ellas, era bueno para las heridas. Flory le dijo a Ko S’la sin que ellas se enterasen que lo tirase por la ventana y lo sustituyera por una pomada. Luego, mientras tomaba un baño tibio y Ko S’la le limpiaba las rozaduras con una esponja, fue reconstruyendo, con la mente más clara, aunque con creciente angustia, lo que habĂa sucedido. La habĂa ofendido terriblemente, eso parecĂa obvio. Pero, si no la habĂa vuelto a ver desde la noche anterior, ÂżcĂłmo podĂa haberla disgustado? No habĂa ninguna respuesta verosĂmil para aquella pregunta.