Los dias de Birmania
Los dias de Birmania ¡El Honorable! No abundan por ahí los tenientes con ese título, y si en el ejército de la India son tan preciados e infrecuentes como diamantes, en Birmania son una especie casi desconocida. Cuando se es tía de la única joven casamentera en 75 kilómetros a la redonda y se entera de que un Honorable teniente va a llegar mañana a más tardar, pues ya se sabe lo que pasa… Con pánico, Mrs. Lackersteen recordó en aquel instante que Elizabeth estaba en el jardín con Flory, ese miserable borracho cuya paga apenas alcanzaba las setecientas rupias mensuales y que con toda seguridad se estaría declarando a su sobrina. Se apresuró a llamar a Elizabeth, pero justo en aquel momento tuvo lugar el terremoto. A pesar de todo, yendo de vuelta a casa, tuvo ocasión de hablar con su sobrina. Mrs. Lackersteen puso su mano cariñosamente sobre la de Elizabeth y le dijo con la mayor ternura que fue capaz de reunir:
—Supongo que estarás al corriente, querida, de que Flory tiene a una mujer birmana viviendo con él.
La mortífera carga tardó un rato en hacer explosión. Las costumbres del país le eran aún tan ajenas que el comentario no le provocó ninguna reacción inmediata. Para ella más o menos sonaba igual de relevante que si le hubieran dicho que Flory tenía un loro en su casa.
—¿Una birmana? ¿Para qué?