Los dias de Birmania
Los dias de Birmania Avanzó entre los arbustos de crotón lentamente y dio la vuelta a la sede del Club. Estaba demasiado triste como para experimentar todavía todo el dolor que acarreaba aquel desastre. Comenzaría, como lo hacen todas las heridas profundas, a dolerle pasado algún tiempo. Al llegar a la verja sintió que se agitaban unas hojas detrás de él. Se sobresaltó. Oyó el murmullo ronco de unas sílabas en birmano.
—¡Pike-san pay-like! ¡Pike-san pay-like!
Flory dio media vuelta bruscamente. El pike-san pay-like (dame el dinero) se repitió. Vio a una mujer parada de pie bajo la sombra de un mohur dorado. Era Ma Hla May. Avanzó hacia él con cautela y al mismo tiempo con aire hostil, manteniendo las distancias como si tuviera miedo de que la golpease. Tenía la cara cubierta por una gruesa capa de polvos que con la luz de la luna proyectaba una palidez enfermiza. Mostraba un aspecto tan desagradable y desafiante como el de la calavera de un cadáver.
Lo había asustado.
—¿Qué demonios estás haciendo aquí? —le dijo furioso en inglés.
—Pike-san pay-like.
—¿Qué dinero? ¿De qué me hablas? ¿Por qué me sigues?