Los dias de Birmania
Los dias de Birmania —¡No me lo creo!
Flory se rebuscó en los bolsillos. Estaba tan cansado que le habrÃa dado cualquier cosa con tal de librarse de ella. Sus dedos se tropezaron con su pitillera de oro. La sacó.
—¿Si te doy esto te marcharás? Te darán treinta rupias si la empeñas.
Ma Hla May la contempló pensativa y por fin farfulló entre dientes:
—Dámela.
Flory tiró la pitillera a la hierba que habÃa junto a la carretera. Ella se agachó a cogerla e inmediatamente se volvió a levantar, apretándola contra su ingyi, como temiendo que Flory se la fuera a arrebatar. Él se dirigió hacia su casa, dando gracias a Dios por haber dejado de oÃr el odioso chillido. La pitillera era la misma que Ma Hla May le habÃa robado diez dÃas antes.