Los dias de Birmania

Los dias de Birmania

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Flory maldijo. No podía permitirse en aquellos momentos una escena de este tipo. Sacó finalmente la cartera, encontró veinticinco rupias y las arrojó al suelo. Ma Hla May se abalanzó sobre los billetes y los contó.

—¡Dije cincuenta rupias, thakin!

—¿Cómo te las voy a dar si no las tengo? ¿Crees que llevo encima cientos de rupias?

—¡Dije cincuenta rupias!

—¡Venga, fuera de aquí! —exclamó en inglés empujándola.

Pero la condenada birmana no le dejaba en paz. Se puso a seguir a Flory por el camino como un perro desobediente, gritando con toda su alma «¡Pike-san pay-like! ¡Pike-san pay-like!», como si a fuerza de repetirlo el dinero fuese a aparecer. Flory aceleró el paso, en parte para alejarla del Club y también para ver si lograba desembarazarse de ella, aunque parecía dispuesta a seguirle hasta su casa si hacía falta. Después de un rato, no pudo soportarlo más y se dio la vuelta para terminar con aquello.

—¡Vete ahora mismo! Si me sigues un paso más no verás jamás ni un solo anna.

¡Pike-san pay-like!

—Serás idiota. ¿De qué crees que te sirve todo esto? ¿cómo te voy a dar más dinero si no me queda ni un céntimo?


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