Los dias de Birmania
Los dias de Birmania Verrall era el hijo menor de un par y no tenía un céntimo, aunque por el eficaz procedimiento de no pagar una factura a no ser que la reclamasen judicialmente, había conseguido ocupar su vida con las únicas cosas que le interesaban: la ropa y los caballos. Había llegado a la India en un regimiento de la caballería británica, pero se había pasado al ejército anglo-indio porque a pesar de ganarse menos dinero, le dejaba más tiempo libre para jugar al polo. Al cabo de dos años, acumulaba unas deudas tan enormes que se vio obligado a ingresar en la policía militar de Birmania, donde era más fácil ahorrar dinero; sin embargo, aborrecía Birmania (no es un país que reúna las condiciones favorables para un jinete) y ya había solicitado el reingreso en su antiguo regimiento. Era de esa clase de militares que logran traslados cuando se les antojan. Mientras tanto, debía quedarse en Kyauktada al menos un mes, y no tenía la menor intención de mezclarse con la anodina sahiblog de este distrito. Conocía las sociedades de aquellos puestos coloniales de Birmania: una gentuza desagradable, cobista, sin caballos… Los aborrecía.