Los dias de Birmania

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Pero ¿era cierto lo que él sospechaba? ¿Se había convertido realmente Verrall en el amante de Elizabeth? No había manera de saberlo, aunque todo indicaba que tal cosa no había sucedido, pues de haber sido así, no habrían podido ocultarlo en un sitio como Kyauktada. Aunque los demás no hubieran sospechado nada, Mrs. Lackersteen lo habría supuesto. Sin embargo, una cosa era cierta: Verrall no había hecho todavía ninguna petición de matrimonio. Pasaron una, dos y hasta tres semanas, que era mucho tiempo en un pequeño puesto indio. Verrall y Elizabeth cabalgaban juntos todas las tardes y bailaban cada noche; aún así, él no había llegado nunca tan lejos como para poner un pie en la casa de los Lackersteen. Por supuesto, el comportamiento de Elizabeth dio lugar a interminables comentarios y chismorreos. Todos los orientales daban por hecho que era la amante de Verrall. Según la versión de U Po Kyin (que conseguía acertar en lo esencial aún incluso cuando estaba equivocado en los pormenores) Elizabeth había sido la concubina de Flory y le había dejado por Verrall porque éste último le pagaba más. También Ellis por su parte propagaba bulos acerca de Elizabeth que hacían estremecerse a Mr. Macgregor. Mrs. Lackersteen, al ser pariente de la joven, no se enteraba de estos chismes, aunque su nerviosismo iba en aumento. Cada tarde, cuando Elizabeth regresaba de su paseo a caballo, se le acercaba esperanzada, confiando en que le dijera «Ay, tía, ¿a que no sabes qué?», y le comunicara las buenas noticias. Pero éstas nunca llegaban y, a pesar de que escrutaba atentamente el rostro de Elizabeth, no conseguía adivinar nada.


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