Los dias de Birmania
Los dias de Birmania Mrs. Lackersteen comenzó con algunas observaciones a propósito de una fotografía que venía en el Tatle sobre esas chicas modernas que van luciéndose en traje de baño y que eran tan sumamente fáciles con los hombres. Una joven, opinaba Mrs. Lackersteen, no debía nunca comportarse así; iba a decir que por el contrario, tenía que parecer difícil, pero se dio cuenta de que no era la palabra apropiada, por lo que cambió de discurso. Se puso a hablar a Elizabeth de una carta que le había llegado de Inglaterra con más noticias de aquella pobre, pobrecilla muchacha que pasó una temporada en Birmania y que con tan poco criterio había rechazado a sus pretendientes. El sufrimiento de la desgraciada joven le partía el corazón, y venía a demostrar lo contenta que tenía que estar una mujer de casarse con cualquiera, lo que se dice con cualquiera. Por lo visto, la pobrecilla había perdido su empleo y, durante un largo periodo de tiempo, había pasado verdadera hambre. En la actualidad trabajaba en una cocina a las órdenes de una vulgar y antipática cocinera que la trataba como a una esclava. Además, por lo que le habían contado, en la cocina había unas cucarachas enormes. ¿No le parecía a Elizabeth absolutamente terrible? ¡Cucarachas!
Mrs. Lackersteen guardó silencio un rato para dejar que las cucarachas hicieran efecto, antes de añadir: