Los dias de Birmania
Los dias de Birmania —Se me ha adelantado. Le dije al Comisario que tendrÃa que plantear esta cuestión al resto de socios. Entonces me sugirió lo siguiente: si la idea encuentra algún apoyo en el Club, opina que lo mejor serÃa que presentáramos a un nativo como miembro. Por otra parte, si el Club se manifiesta unánimemente en contra de la medida, no hay más que olvidarse de ello. Eso sÃ, el acuerdo ha de ser necesariamente unánime.
—Pues claro que es unánime —dijo Ellis.
—¿Quiere usted decir —preguntó Westfield— que sólo depende de nosotros tener aquà a uno de ésos?
—PodrÃa decirse que asà es.
—Entonces, digamos que nos oponemos todos en pleno.
—Y dilo con firmeza, por Dios. A ver si logramos olvidarnos de una vez por todas de esta idea descabellada.
—¡Eso, eso! —gruñó Mr. Lackersteen—. Mantengamos a esos negros fuera de aquÃ. Esprit de corps y todo eso.