Los dias de Birmania
Los dias de Birmania ¿A quién se le habían ocurrido esas leyes tan blandas? ¿Por qué las obedecíamos? Si esto hubiera sucedido en una colonia alemana antes de la Guerra… ¡Ay, los alemanes! Ellos sí que sabían cómo tratar a los negros. ¡Represalias! ¡Mano dura! Arrasar sus aldeas, matarles el ganado, incendiar sus cosechas, diezmarles, dispararles a bocajarro…
Ellis tenía la mirada puesta en las cascadas de luz que se calaban entre los árboles. Sus ojos verdosos eran grandes y parecían afligidos. Un birmano de mediana edad apareció con un enorme bambú balanceándose sobre el hombro, que se pasó al otro al cruzarse con Ellis mientras emitía un gruñido. Ellis apretó con fuerza su bastón. Si aquel cerdo se atreviera a atacarle… Si estos perros cobardes tuvieran alguna vez valor para plantar cara… Pero no, todo lo que hacían era escabullirse, mantenerse dentro de la ley para no darle a uno pie para responderles. Ojalá hubiera una rebelión de verdad; ¡ley marcial y lucha sin cuartel! Por su mente pasaron imágenes deliciosamente sanguinarias. Montones de nativos gritando mientras los soldados los aplastaban brutalmente. Les disparaban, pasaban con sus caballos sobre ellos, los caballos les sacaban las vísceras con sus pezuñas, marcaban sus rostros a latigazos…