Los dias de Birmania
Los dias de Birmania —Ha llegado el momento de dar un golpe definitivo —dijo a sus secuaces, reunidos con él en cónclave en la veranda de su casa. Allà estaban Ma Kin, Ba Sein y Hla Pe, un prometedor muchacho de dieciocho años que apuntaba algo más que maneras.
—Nos hemos topado con un muro de ladrillos —prosiguió U Po Kyin—, y ese muro es Flory. ¿Quién podÃa prever que ese miserable cobarde saliera en defensa de su amigo? Sin embargo, asà ha sido. Mientras Veraswami cuente con su respaldo, no tenemos nada que hacer.
—He estado hablando con el mayordomo del Club, señor —dijo Ba Sein—. Me ha contado que Mr. Ellis y Mr. Westfield siguen oponiéndose a que se admita como miembro al doctor. ¿No crees que volverán a discutir con Flory en cuanto se haya olvidado lo del motÃn?
—Desde luego, siempre están discutiendo. Pero, entretanto, el daño ya está hecho. Suponed que ese hombre resulta finalmente elegido. Creo que me morirÃa de rabia si ocurriera. No, no nos queda más que una salida. Tenemos que ir a por el propio Flory.
—¿A por Flory, señor? ¡Pero si es un blanco!
—¿Y a mà qué me importa? Ya he acabado con otros blancos antes. Si convertimos a Flory en una deshonra, ése será el final del doctor. ¡Y os aseguro que lo lograré! ¡Le humillaré de tal modo, que no se atreverá a asomar jamás la cara por el Club!