Los dias de Birmania
Los dias de Birmania El policía militar y Ellis se colocaron detrás del resto cogidos del brazo como si estuvieran marchando. El policía meneaba su gordo trasero emulando a una bailarina de pwe. Flory se sentó en el mismo banco que estos dos, frente a Elizabeth. Era la primera vez que osaba mostrarle directamente su marca de nacimiento. «Cierra los ojos y cuenta hasta veinticinco», susurró Ellis cuando se pusieron de rodillas, arrancando por lo bajo una risita del policía. Mrs. Lackersteen ya se había sentado delante del armonio, que no era mayor que un escritorio. Mattu se colocó junto a la puerta y empezó a tirar del punkah, que estaba dispuesto de tal manera que sólo abanicaba a las primeras filas, es decir, a los europeos. Fio recorrió la nave olisqueándolo todo, encontró el banco de Flory y se acurrucó debajo de él. El servicio religioso dio comienzo.