Los dias de Birmania
Los dias de Birmania Se veía venir a Ellis, Westfield y el nuevo oficial de la policía militar del Club, donde se habían tomado un par de copas rápidas para entonarse un poco antes de la misa. Los seguía el oficial forestal que había llegado para ocupar el puesto de Maxwell, un hombre cetrino, alto y completamente calvo de no ser por las matas de pelo lacio que tenía a la altura de las orejas. Flory sólo tuvo tiempo de decirle “buenas tardes” a Elizabeth cuando ésta llegó. Al ver que estaban ya todos presentes, Mattu dejó de tocar la campana y el sacerdote entró en la iglesia seguido de Mr. Macgregor, que llevaba el topi contra el estómago, los Lackersteen y los cristianos nativos. Ellis tocó a Flory en el codo y le murmuró jocosamente al oído:
—Venga, ponte en fila. Es la hora del desfile de las plañideras. ¡Al trote!