Los dias de Birmania
Los dias de Birmania —¿Verrall se ha marchado para siempre?
—SÃ.
No hizo falta decir más. La atrajo para sà y la estrecho entre sus brazos. Ella se dejó contenta, a plena luz del dÃa, sin importarle su rostro marcado. Por unos momentos, se abrazó a él como una niña pequeña. Era como si la hubiera salvado o estuviese protegiéndola de algo. Flory le alzó la barbilla para besarla, y descubrió para su sorpresa que ella estaba llorando. No hubo tiempo para hablar, ni siquiera para decir «¿te casarás conmigo?». Daba igual, ya tendrÃa tiempo para pedÃrselo después de la misa. Quizá la próxima vez que el párroco les visitase, dentro de otras seis semanas, tendrÃa que casarles.