Los dias de Birmania
Los dias de Birmania Tras decir eso, hubo un murmullo de asentimiento por parte de todos los que estaban en la habitación, incluso de Flory, a quien los demás consideraban un bolchevique por sus opiniones, y hasta de Maxwell, que apenas habÃa pasado tres años en el paÃs. Ningún anglo-indio ha negado ni negará jamás que la India se estaba echando a perder, pues la India, como el Punch, ya no era lo que fue.
Mientras tanto, Ellis habÃa desclavado la polémica nota que Mr. Macgregor tenÃa a su espalda, y la sujetaba delante de él, diciendo con tono ácido:
—Macgregor, hemos leÃdo este aviso y todos creemos que esa idea de admitir a un nativo como miembro del Club es completamente… —Ellis iba a decir completamente idiota, pero recordó que Mrs. Lackersteen estaba presente y se corrigió—, es completamente inadecuada. A fin de cuentas, este Club es un lugar al que venimos a pasar un buen rato, y no queremos tener nativos fisgoneando por aquÃ. Nos gusta creer que aún queda un lugar en el que estamos libres de ellos. Todos los demás están totalmente de acuerdo conmigo.
Volvió la vista hacia el resto.
—¡Eso, eso! —dijo Mr. Lackersteen de repente. SabÃa que su esposa se darÃa cuenta de que habÃa estado bebiendo, y pensó que mostrar sonoramente su opinión le disculparÃa.