Los dias de Birmania
Los dias de Birmania —Oh, eso es casi imposible, espero. Aunque me temo que no hay duda de que el espÃritu democrático va ganando terreno también aquÃ.
—Y no hace tanto tiempo, apenas un poco antes de la guerra, eran tan amables y respetuosos. Cómo nos decÃan salaam cuando pasábamos por los caminos, era realmente encantador. Recuerdo que pagábamos a nuestro mayordomo nada más que doce rupias al mes, y el hombre nos querÃa tanto como un perro. En cambio ahora piden cuarenta y cincuenta rupias, y he descubierto que la única manera que tengo para conservar a un criado es pagándole con unos cuantos meses de retraso.
—Los criados como los de antes están desapareciendo —convino Macgregor—. En mis tiempos, cuando uno de tus criados te faltaba al respeto, le mandabas a la cárcel con una nota que dijera «Por favor, den al portador quince latigazos». Ah, bueno, ¡eheu fugaces! Me temo que aquellos dÃas ya no volverán nunca.
—Ahà tienes razón —dijo Westfield pesimista—. No habrá quien viva aquà nunca más. El Raj británico está acabado por lo que a mà respecta. El Dominio Perdido y todo eso. Va siendo hora de que nos larguemos.