Los dias de Birmania
Los dias de Birmania —Y ya es mucho, amigo mÃo. Hay otra cosa de la que debo advertirle, a pesar de que creo que se lo tomará a risa. Se trata de que también usted debe tener cuidado con U Po Kyin. Tenga cuidado con el cocodrilo. Seguro que irá a por usted en cuanto se entere de que es amigo mÃo.
—De acuerdo, doctor, tendré cuidado con el cocodrilo. Aunque no creo que me pueda hacer mucho daño.
—Por lo menos lo intentará. Le conozco. Su táctica será intentar alejar de mà a mis amigos. Puede que ose difundir también libelos sobre usted.
—¿Sobre mÃ? ¡Dios santo! Nadie se creerÃa nada contra mÃ. Chis Romanus sum. Soy inglés, estoy por encima de toda sospecha.
—De todos modos, tenga cuidado con sus calumnias, amigo mÃo. No le subestime. Sabrá como atacarle. Es un cocodrilo, y como el cocodrilo —el doctor apretó con fuerza sus dedos pulgar e Ãndice; sus imágenes a veces se confundÃan entre ellas—, como el cocodrilo, ataca siempre por el punto más débil.
—¿Está seguro de que atacan siempre por el punto más débil, doctor?