Los dias de Birmania
Los dias de Birmania Como juez sus métodos eran simples. No se dejaba sobornar por la decisión de un caso, pues sabÃa que un magistrado que juzga erróneamente antes o después es atrapado. Su método, mucho más seguro, consistÃa en aceptar sobornos de ambas partes para luego tomar la decisión según los términos legales establecidos. Esto le consiguió una beneficiosa reputación de imparcialidad. Además de los ingresos que le proporcionaban las partes litigantes en los casos, U Po Kyin exigÃa implacablemente un impuesto, una especie de programa propio de tasas, a todas las aldeas bajo su jurisdicción. Si cualquiera de ellas no pagaba, U Po Kyin tomaba medidas represoras —grupos de dacoits atacaban la aldea, apresando a los lÃderes de la misma— de forma que siempre poco después el importe era Ãntegramente satisfecho. Asà mismo fue partÃcipe en todos los robos a gran escala que tuvieron lugar en el distrito. Por supuesto, la mayor parte de esto era por todos conocido excepto por los oficiales superiores de U Po Kyin (ningún oficial británico creerÃa nada contra sus propios hombres), sin embargo todo intento por incriminarle resultó invariablemente infructuoso. Sus seguidores, leales a cambio de compartir una parte del botÃn, eran demasiado numerosos. Cuando una acusación le salpicaba, U Po Kyin simplemente la desacreditaba con un buen número de testigos sobornados para posteriormente contraatacar con acusaciones que terminaban situándole en una posición más fuerte que al principio. Era prácticamente invulnerable, porque era demasiado juicioso como para utilizar cualquier instrumento erróneo, y también porque estaba tan inmerso en las intrigas que nunca podÃa permitirse caer en ningún descuido o desconocimiento. Se podÃa decir con casi total seguridad que nunca serÃa descubierto, que continuarÃa de éxito en éxito y finalmente morirÃa como un hombre honorable y con una fortuna valorada en varios lakhs de rupias.